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Zaz – Je Veux

Isabelle Geffroy nació el 1 de mayo de 1980 en Tours, hace joyas melódicas como esta, fusionando el jazz con la música francesa, el soul y la música acústica.

Su nombre artístico es Zaz, y alcanzó el reconocimiento que merecía con el tema que os presento Je Veux.

Multiplicidad musical

Estudió desde los cinco años en el Conservatorio de Tours, y acarició el piano, la guitarra, solfeo, el violín y el canto coral.

Se dejó influir por Ella Fitzgerald, Enrico Macias, Bobby McFerrin y Richard Bona, así como por  ritmos africanos, latinos y cubanos.

 

Russian Red

Esta conocida canción, para algunas/os, vistió melódicamente algunas escenas del largometraje “Room in Rome” (Habitación en Roma) del cineasta Julio Medem, llenándolas de candidez sublime, añadiendo una emoción suave a una trama tan dulce como trágica.

Ejercicio de introspección

A mí esta melodía me invita, siempre, a realizar un viaje introspectivo hacia el interior, como hace en el filme.

Russian Red es el nombre artístico de la cantautora Lourdes Hernández, que tomó la decisión de llamarse así por un tipo de barra de labios que utiliza con frecuencia.

Con dos discos en el mercado, “I love your glasses” y “Fuerteventura”, esta voz prodigiosa reconocida en el ámbito musical indie español, canta en inglés por ser el idioma al que más acostumbrada está (ya que suele escuchar música en esta lengua) y tiene temas inolvidables como Loving Strangers (este que os pongo), Cigarettes, o I Hate you but I love You.

(Versiones)

Cuando era niña vi muchas veces Grease. Me gustaba la música, los bailes que hacían, el vestuario  y la historia de amor. Recuerdo que sentía un cariño especial por Olivia Newton John, cuando se enfundaba aquellos pantalones ajustados negros al final.

Crecí, y estuve en algunas compañías de teatro. A los dieciséis años, me hicieron un casting para un musical y salí elegida para hacer de mi querida Olivia. Fue muy divertido, y siempre me cautivó esta canción.

Ahora, Angus y Julia Stone, nos ofrecen esta versión de The One That I Want, edulcorada, delicada.

También descubrí en un concierto de Zahara, que hacía una versión muy sensual y diferente de este tema… No sé por cuál decidirme… Quizá me sienta más conectada con esta última:

 

 

Gioconda Belli – Y Dios me hizo mujer

Y Dios me hizo mujer

Y Dios me hizo mujer,
de pelo largo,
ojos, nariz y boca de mujer.
Con curvas
y pliegues
y suaves hondonadas
y me cavó por dentro,
me hizo un taller de seres humanos.
Tejió delicadamente mis nervios
y balanceó con cuidado
el número de mis hormonas.
Compuso mi sangre
y me inyectó con ella
para que irrigara
todo mi cuerpo;
nacieron así las ideas,
los sueños,
el instinto.
Todo lo creó suavemente
a martillazos de soplidos
y taladrazos de amor,
las mil y una cosas que me hacen mujer todos los días
por las que me levanto orgullosa
todas las mañanas
y bendigo mi sexo.

– Gioconda Belli –

(Fotografía de Cartier Bresson)


I can’t think straight – No imagino otra vida

Título original: I can’t think straight.

Directora: Shamim Sarif.

Reparto: Lisa Ray, Sheetal Sheth, Antonia Frering, Dalip Tahil.

Fotografía: Aseem Bajaj.

Amor interracial

Tala es una mujer palestina asentada en Londres que sale con hombres con los que nunca llega a casarse ni a sentir sentimientos muy profundos, y que se encuentra inmersa en la preparación de una boda. Leyla es una londinense de raíces indias que vive con su familia y que conoce mediante un amigo común, a Tala.

Tala busca su lugar en el mundo, es inquieta, irónica, inteligente y necesita mantener un negocio propio, para no depender de futuras parejas. Leyla trabaja en una empresa familiar, es sensible, pausada y sueña con ser escritora.

Leyla y Tala, en el fondo, se buscan mutuamente, y se hacen buenas amigas sin prisas, se acompañan, se conocen. Sus conversaciones, sus miradas cómplices y serenas, la complejidad emocional de ambas, irradian una iridiscencia especial.

Superan el choque cultural inicial, y consiguen enamorarse.

Aprendizajes

Leyla aprende a amar a Tala, respeta la decisión que toma en un principio, y se vuelca en describir a sus padres lo que siente y en ordenar su vida. Aunque sabe que va a encontrarse con los resquicios de una cultura hindú, en la figura materna, no duda en relatar a su madre el amor que Tala le evoca.

Los planos de Leyla reflejan la candidez de sus sentimientos, la dulzura implícita en su relación con Tala, y el dolor amargo que le produce la actitud de su amiga.

Apego 

Tala descubre el secreto. No podrá sentir hacia los hombres, lo que siente hacia Leyla. Siente una profunda admiración hacia ella, ganas de hacer, de crecer, de desear, de vencer, de estallar, de besar, de amar. El descubrimiento de este sentimiento advenedizo, intruso, especial, desequilibra su seguridad y ha de replantearse los cimientos de su propia vida.

El amor, desde este nuevo enfoque, trastoca su existencia y, en un principio, huir le resulta la solución más sencilla.

Exquisita sensualidad

A lo largo del filme, la directora nos muestra alguna que otra escena (y algún que otro beso) ligeramente explícita (tal y como se exhiben en cualquier película heterosexual con connotaciones románticas), pero están bordadas con una deliciosa elegancia y con una dulzura plausible. Personalmente, prefiero este tipo de escenas vistas en primera persona, es decir, que no estén grabadas desde una mirada externa sino desde los ojos de ellas alternativamente.

En mi opinión, este tipo de escenas son necesarias, y no para el deleite de terceros/as, sino porque es el método más sencillo y natural de normalizar la homosexualidad. Con frecuencia he encontrado a algunas personas gays, bisexuales o lesbianas, que aunque contaban con el apoyo familiar, no se sentían confiadas/os a la hora de tomar en público la mano de su pareja o darle un beso, porque, aunque actualmente, este tipo de cosas no suscitan rechazo en la mayoría de las ciudades, aún desprenden sorpresa, curiosidad o incluso admiración, y a veces nos gusta pasar más desapercibidas/os. Por tanto, hay que acostumbrar la mirada a este tipo de relaciones afectivas, para que dejen de ser fuente de atención.

Arrojar luz en las tinieblas

Si bien es cierto que la homosexualidad está cada vez más aceptada, y que el cine, la televisión, la literatura, el arte o la música apuestan, a menudo, por la visibilidad homosexual y bisexual y por la normalización de las mismas, hay países en los que actualmente, se acumula el rechazo y la barbarie contra la libertad sexual.

Ser gay / lesbiana es casi una moda en el mundo occidental, casi todo el mundo tiene hermanos/as, vecinos/as, amigos/as, compañeros/as de clase, homosexual. La belleza imbricada a la imagen de dos mujeres atractivas besándose, casi roza lo artístico en según qué esferas sociales y culturales.

Pero por ejemplo, en los territorios de Gaza y Cisjordania ser gay se considera delito y puede castigarse hasta con 9 años de cárcel. La mayoría de la población palestina es islámica y el islamismo defiende que la homosexualidad es un pecado.

Por ello, la directora ha querido bañar de luz la esperanza y la vida de muchas personas, que a través de largometrajes como este, pueden luchar por los derechos y la libertad que merecen. Porque el amor, trasciende a la simple procreación de sus miembros, y la sexualidad es maravillosa vivida desde la vertiente que más se acople a nuestras emociones y sentimientos.

Shamim Sarif

Shamim Sarif es una escritora y directora de raíces sudafricanas, que ha recibido premios como Pendleton May First Novel Award, Betty Trask Award como novelista, y World Cinema Best Director at Phoenix Film Festival, and Best Director at Clip (Tampa) Intl. Film Festival como directora de cine.

En el 2008 recibió el premio Afterellen.com de Visibilidad.

Sus padres nacieron en el Sur de África y aquel paraje le sirvió de inspiración para grabar “The World Unseen”, película de contenido lésbico muy aclamada, que, casualmente, cuenta con las dos protagonistas de I can’t think straight.

El libro

I can’t think straight, se basa en la novela escrita por la directora del filme, No imagino otra vida.

Podéis encontrarlo fácilmente en librerías. Yo no lo he leído, pero pienso hacerlo.

Altamente recomendable. Sensual, dulce, maravillosa.

 

Mariposas -Zahara

Zahara fue un descubrimiento. Hace unos años que me acompaña su voz y sus letras se colocan con suavidad en mi boca, es una poetisa exquisita, original que me deja siempre conmovida, mirándome las ideas hacia dentro.

Nacida en Jaén en el mismo año que yo (1983), estudió en el colegio público Sebastián de Córdoba y en el Conservatorio de Música de Úbeda. Ha grabado discos como : “Hecho en Casa” (2003) con canciones como Cartas Entrelazadas, “Día 913″ (2004) con temas como Sin Haber Venido, “La Fabulosa Historia de” (2009) con su conocida Merezco, y con otras tantas melodías que me sobrecogen como En la Habitación, Olor a Mandarinas, Tu me llevas o Con las Ganas. Y por último, asistí al concierto de su último disco: “La Pareja Tóxica” que consiguió encantarme, como siempre.

Zahara es absolutamente intimista, especial, no me recuerda a nadie, y es irremediablemente cercana y adorable. Y ese estilo vintage, retro, bohemio, romántico, me refleja como un espejo en el que a veces quiero mirarme.

Kyss Mig (With Every Heartbead)

Título original: Kyss Mig (en inglés: With Every Heartbead).

Directora: Alexandra-Therese Keining.

Año: 2011.

País: Suecia.

Con Ruth Vega Fernández y Liv Mjönes (esta última nominada a mejor actriz ¿secundaria? en los Premios Guldbagge, Suecia).

El amor en pausa

Dos mujeres recién llegadas a la treintena. Una heterosexual, a punto de casarse. Una homosexual, soñadora, que convive con otra chica. Ambas aletargadas por la comodidad de sus relaciones, ambas acostumbradas a una persona que no aman realmente. Dos mujeres con la emoción en standby.

Un encuentro insólito. 

El padre de Mía (María Eva) y la madre de Frida se van a casar, apostando cada uno de ellos, por un segundo matrimonio, ávidos de felicidad. Mía y Frida se conocen irremediablemente. Y han de pasar un fin de semana en una isla, por motivos familiares. La isla es un punto de inflexión para ambas, un punto diferente de partida, un sentimiento indescriptible inesperado.

Cuando dos almas perdidas-aunque-aparentemente-felices tropiezan, no tienen la fórmula inmediata de conectar, pero lo acaban haciendo. Un flirteo ocasional,fugaz, no-programado, las lleva a reflexionar, amar, sufrir, desear, perder y decidir muchas cuestiones en unos meses.

¿Qué podemos hacer cuando un beso está repleto de significado?

El seísmo familiar

Una familia tan frágil como recién nacida, que aún no ha terminado de abrochar bien los botones para no desvanecerse. Una familia formada por personas encantadoras, que se quieren, aceptan y cuidan como saben y pueden. Y que no sabe qué hacer cuando Frida y Mía susurran y cuentan sus sentimientos.

¿Por qué el amor incipiente será siempre generador de un temblor desconocido que, en ocasiones, resquebraja la confianza que teníamos en otras personas?.

Pero esta historia, no es un drama, y la tormenta familiar deja paso al sosiego edulcorado de quienes aman verdaderamente.

Ángel González nos acompaña en esta historia, rociando de música algunas escenas.

La mirada de Frida

Parece que la historia esté tejida sobre las teclas de un piano, como un lazo que va desanudándose suavemente. Podemos sentir la agitación interior y casi podemos acariciar el ejercicio de introspección que realiza el personaje de Mía durante todo el largometraje.

La directora hace uso de unos primeros planos que nos hagan sentirnos íntimamente reflejadas en las emociones subyacentes de las dos jóvenes. El color inmaculado blanco que elige para mostrarnos la vida de Mía, cuadriculada, exacta, premeditada, nos sugiere el matiz helado y seguro que tiñe su rutina. El desenfado y el caos del apartamento de Frida, nos habla de una mujer que sabe lo que quiere, que no se preocupa nada por los comentarios que pueda suscitar su vida, pero todo ello, abrazado de una decadencia, que revela una tristeza intrínseca por la emoción que aún no había sentido.

La mirada templada y dulce de Frida, que en determinados momentos se torna asustada y débil, nos deja conmovidas /os, y nos hablan sin tapujos de un sentimiento transparente. Para mí, son los ojos más inocentes del cine.

La sonrisa de Mía

Es la sonrisa más ansiada durante todo el filme. Tras su guerra interior por mantener el tipo en todo momento, tras su expresión sufrida y rota, tras disparar mil veces contra sus ganas de besar a Frida sin éxito, tras ese miedo infantil que la agita dolorosamente, su sonrisa triunfante es señal de que ese amor que crece como una enfermedad maravillosa ha sido más fuerte que todo temor, pérdida o consecuencia.

Una confesión personal: me enamoré de esta sonrisa y de la escena en la que se produce, me produce una emoción que habita en mí como una extranjera desconocida.

Única. Irrepetible. Inolvidable.